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El Monumento de Yonaguni: la misteriosa ciudad sumergida que nadie puede explicar

Imagina esto. Estás flotando en aguas cristalinas del Pacífico. Miras hacia abajo y ves escaleras. Paredes perfectas. Plataformas enormes. Una estructura que parece construida por alguien… pero está a 10 metros bajo el mar.

¿Quién la hizo? ¿Cuándo? ¿O acaso nadie la hizo?

Bienvenido al misterio del Monumento de Yonaguni.

Una isla en el borde del mapa

Yonaguni es la isla más occidental de Japón. Queda tan lejos de Tokio que está más cerca de Taiwán: apenas 111 kilómetros separan sus costas. Pertenece al archipiélago de Okinawa, esa larga cadena de islas que se extiende desde el sur de Japón casi hasta el trópico.

Es una isla pequeña. Puedes recorrerla entera en coche en menos de dos horas. Tiene costas rocosas espectaculares, naturaleza casi intocada y unos pequeños caballos salvajes (en realidad son ponis) que caminan libremente por los acantilados.

Pero lo que puso a Yonaguni en el mapa mundial no está en la superficie. Está debajo del agua.

Un descubrimiento que cambió todo

En 1986, un buceador local llamado Kihachiro Aratake buscaba nuevos puntos para observar tiburones martillo. Yonaguni ya era famosa entre buceadores japoneses por las migraciones de estos impresionantes animales entre enero y marzo.

Aratake se alejó de las rutas conocidas. Y encontró algo que no esperaba.

A unos 100 metros de la costa del cabo Arakawabana, en la costa sur de la isla, descubrió un enorme monolito submarino. Tenía formas que parecían imposibles para la naturaleza: escalones, plataformas planas, paredes casi verticales y lo que parecía un camino ancho.

Lo bautizó como «el Machu Picchu submarino». En japonés se le conoce como Kaitei Iseki, que significa «monumento en el fondo del mar».

Hoy, Aratake sigue vinculado a Yonaguni. Su centro de buceo, Sou Wes, lo dirige ahora su hijo Shotaro, quien guía a los equipos de buceo que llegan de todo el mundo para ver el monumento con sus propios ojos.

¿Qué es exactamente lo que hay ahí abajo?

El monumento se encuentra en aguas sorprendentemente poco profundas. La terraza superior está a solo 5 metros de la superficie. La base de la estructura principal llega a unos 25 metros.

Sus dimensiones son enormes: aproximadamente 290 metros de largo, 120 metros de ancho y 26 metros de alto.

Cuando un buceador se sumerge, la experiencia es más o menos así:

  • La entrada es a través de un pequeño túnel entre las rocas. Al salir del túnel, te encuentras con una explanada amplia y dos grandes bloques de roca, perfectamente formados, uno al lado del otro. Parecen columnas gemelas.
  • Desde ahí, nadas a unos 15 metros de profundidad por lo que parece un camino ancho, una especie de «avenida» submarina, hasta llegar a una serie de escalones que suben hacia la plataforma principal.
  • La plataforma se asoma a un valle amplio y cae en un ángulo perfecto de 90 grados. Arriba hay varios niveles planos, cada uno con sus propios escalones.
  • A un costado aparece una formación rocosa que se parece mucho a una tortuga vista desde arriba.
  • Más adelante hay una trinchera profunda que termina en forma de «V», orientada exactamente hacia el norte. Frente a su punto más estrecho hay una roca plana, como una plataforma. Algunos creen que podría haber sido un altar o un lugar ceremonial.
  • Al terminar el recorrido por las plataformas, la inmersión suele finalizar con un paso sobre la trinchera. Del otro lado hay un arrecife de coral donde no es raro encontrarse con tortugas marinas y morenas.

La teoría artificial: ¿alguien construyó esto?

El profesor Masaaki Kimura, geólogo marino de la Universidad de Ryukyu en Naha, estudió el monumento durante años desde la década de 1990. Publicó varios artículos académicos al respecto.

Su conclusión: el monumento es una estructura de arenisca y lutita que muestra señales claras de intervención humana.

Su equipo encontró lo que interpretan como herramientas de piedra, tablillas con símbolos grabados y figuras de animales talladas. También identificaron lo que parece un sistema de drenaje, un camino circular, un muro de contención y agujeros que podrían haber sostenido pilares.

Uno de los argumentos más fuertes de Kimura tiene que ver con las paredes verticales del monumento. Estas paredes suben casi rectas desde los 25 metros hasta cerca de la superficie. Según su análisis, para que la erosión natural creara esas paredes, la misma fuerza tendría que haberse aplicado de manera uniforme a lo largo de toda la pared, algo que no ocurre en la naturaleza, donde las fuerzas varían mucho entre las profundidades y la superficie.

Además, su equipo buscó en el fondo marino restos de roca que debieron desprenderse si la erosión fuera la explicación. No encontraron nada.

Kimura comparó las dimensiones del monumento con el Castillo de Shuri, el palacio medieval de los reyes del Reino de Ryukyu en Okinawa. Las proporciones guardan semejanzas interesantes.

La teoría natural: la roca que se rompe sola

No todos están de acuerdo.

Robert Schoch, profesor de Ciencias Naturales de la Universidad de Boston, visitó el sitio y llegó a una conclusión diferente. Según él, las rocas sedimentarias de Yonaguni tienen una propiedad particular: tienden a fracturarse en formas geométricas, creando líneas rectas, ángulos definidos y superficies planas de manera completamente natural.

Para Schoch, el monumento es en un 95% obra de la naturaleza. Acepta que los humanos pudieron haberlo modificado ligeramente después, pero la estructura base sería producto de procesos geológicos.

Y hay evidencia en la propia isla que apoya esta idea. En la superficie de Yonaguni, las rocas sedimentarias forman picos y formaciones impresionantes como la Roca Tategami y la Roca Gunkan, con líneas que parecen cortadas a propósito pero son completamente naturales.

El problema de la edad

¿Cuántos años tiene el monumento? Aquí las cosas se complican.

Antes del último deshielo al final de la Edad de Hielo, hace entre 15,000 y 200,000 años, existía un puente terrestre que conectaba China continental, Taiwán y las islas Ryukyu. Si el monumento fuera artificial, tuvo que construirse cuando la zona estaba sobre el nivel del mar.

Las primeras dataciones con carbono-14 y berilio-10 sobre muestras de coral pegadas a la estructura dieron una edad de entre 2,000 y 3,000 años. Pero Kimura inicialmente propuso que el monumento tenía 10,000 años, basándose en cuándo la zona quedó sumergida.

Esa cifra de 10,000 años abrió la puerta a teorías más especulativas. Si fuera tan antiguo, lo habrían construido pueblos que, según lo que sabemos, vivían en cuevas y no tenían tecnología para crear estructuras monumentales.

Para dar contexto: la Gran Pirámide de Guiza tiene unos 4,500 años, mide 147 metros de alto y se estima que requirió 5.9 millones de toneladas de piedra. Y su construcción ya genera debates acalorados. Un monumento complejo de 10,000 años sería algo sin precedentes.

En 2003, un nuevo estudio del propio Kimura con datación por berilio-10 arrojó una edad de entre 2,000 y 3,000 años. Más razonable, pero el debate ya estaba encendido.

Bucear en Yonaguni no es para cualquiera

Si todo esto te dan ganas de verlo en persona, hay algo que debes saber: el Monumento de Yonaguni es un sitio de buceo exigente.

Las corrientes pueden ser muy fuertes. Tan fuertes que a veces lo único que puedes hacer es saludar con la mano mientras la corriente te arrastra de largo. Incluso en días de condiciones perfectas, el oleaje se siente.

Se recomienda ser buceador avanzado con al menos 100 inmersiones registradas. No es un sitio para principiantes, por muy poca profundidad que tenga.

El agua suele ser cristalina, lo cual es una ventaja enorme para observar los detalles de la estructura. En invierno, la temperatura baja hasta los 23 °C, así que un traje de neopreno grueso es necesario.

Las embarcaciones salen del puerto de Kubura, conocido como el «Muelle de los Tiburones», en el extremo occidental de la isla. El trayecto hasta el punto de buceo toma unos 20 minutos.

Y si tienes suerte, la inmersión termina en el arrecife de coral al otro lado de la trinchera. Ahí es donde aparecen las tortugas marinas y las morenas, como un regalo de despedida después de recorrer una de las estructuras más enigmáticas del planeta.

Entonces… ¿natural o artificial?

Esta es la pregunta que lleva casi cuatro décadas sin respuesta definitiva.

La evidencia geológica muestra que las rocas de Yonaguni sí pueden fracturarse en formas geométricas. Eso es un hecho. Pero la acumulación de tantas formas «coincidentes» en un espacio tan reducido — escalones, plataformas, trincheras orientadas al norte, formaciones que parecen esculturas — hace que incluso las mentes más escépticas se detengan a pensar.

Quizás la respuesta más honesta esté en el punto medio: una formación natural que alguna civilización antigua aprovechó y modificó. La naturaleza puso la piedra. Alguien le dio forma.

O quizás no. Quizás el océano, con miles de años de paciencia, talló todo esto sin ayuda de nadie.

Lo único seguro es que el Monumento de Yonaguni sigue ahí, a pocos metros bajo la superficie, esperando a que alguien encuentre la respuesta.

¿Qué opinas tú? ¿Obra de la naturaleza o de manos humanas? 

Fuentes consultadas:

  • Investigaciones del profesor Masaaki Kimura, Universidad de Ryukyu
  • Observaciones de Robert Schoch, Universidad de Boston
  • Testimonios de buceadores y operadores de buceo de Yonaguni

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