Cómo transmitir un mensaje con 12.500 Botellas PET

En el año 2010 David de Rothschild y su quinteto naviero zarparon desde San Francisco con la meta de arribar a Sydney, Australia.

Rothschild leyó un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que destacaba la grave contaminación causada por el plástico en los océanos. .

Más que cubrir una distancia, el objetivo central fue llamar la atención sobre la grave contaminación causada por el plástico en los océanos, y demostrar que lo que se considera desperdicio puede transformarse en un recurso útil.

El documento hacia referencia al Vórtice Subtropical del Norte del Pacífico, un conjunto de corrientes espirales de lento movimiento que albergan la isla de basura del Este, una especie de Leviatán de casi 1.300.000 kilómetros cuadrados ubicado entre Hawai y California, que en su remolino perpetuo congrega y lentamente tritura basura en pedazos cada vez más pequeños que luego entran en la cadena alimenticia devorados por el zooplancton, los peces y otros animales.

Las estadísticas varían, pero a grandes rasgos apuntan a que entre el 60% y 80% ciento de la contaminación marina está compuesta por materiales plásticos.

Estos, no son biodegradables y una vez en el océano se mueven por medio de corrientes, vientos o como parte de los desperdicios de cruceros y otras embarcaciones, comienzan a fotodegradarse pero nunca se desintegran por completo.

Se han documentado muchos casos de tortugas que se asfixian con las tapas de las botellas, ballenas que confunden bolsas con calamares, y aves que ingieren pequeños perdigones plásticos pensando que son huevos de peces.

Al abocarse a este proyecto para advertir sobre los nocivos efectos de la contaminación en los océanos, de Rothschild optó por potenciar los distintos usos del plástico, de allí nació la idea de El Plastiki, producto de un proceso de tres años de consulta y experimentación con arquitectos, expertos en diseño sostenible e ingenieros en ciencias materiales.

El reto fue crear una embarcación autosuficiente que funcionara con energía renovable y respetara los principios de ecoefectividad esbozados por el enfoque de la cuna a la cuna, un paradigma de diseño que alienta procesos de fabricación y uso de materiales que no tengan ciclos de vida finitos.

Dado que la fibra de vidrio no es reciclable, se descartó inmediatamente como material de construcción. Como alternativa se probó con un producto plástico basado en el tereftalato de polietileno (PET por sus siglas en inglés), que en su modalidad autoreforzada (srPET), sí era reciclable y podía ser lo suficientemente resistente para formar el esqueleto de la embarcación.

El producto era tan nuevo que no se tenía muy claro cómo utilizarlo. Dispuesto a descifrarlo, el equipo empleó un horno casero, y como quien se pone a cocinar entre amigos, inventó una técnica a base de presión y calor que les permitió fusionar una tela a base de srPET con PET tradicional y crear vigas sólidas y resistentes capaces de soportar la furia del Pacífico.

De postre emulsionaron nuez de castaña y caña de azúcar en una poderosa goma orgánica que sirvió de pegamento secundario.

De Rothschild apostó por transformar la botella de agua, símbolo omnipresente del consumo descartable, en la materia prima del Plastiki.

Buscando ejemplos en la naturaleza, el modelo que se adoptó para el catamarán ecológico se inspiró en la granada, una fruta cuyas acuosas semillas comprimidas forman una armazón sólida. De igual manera también sacó algo del sistema japonés para empaquetar huevos que, por su estructura geométrica, potencia la fuerza inherente vertical de este alimento transformando algo muy frágil en resistente.

La técnica sirvió para modelar los cascos del Plastiki, pero las botellas probaron no ser ni fuertes ni homogéneas. ¿El ingrediente secreto? Un par de cucharaditas de polvo de hielo seco. El resto fue química pura: el dióxido de carbono se transformó en gas y se expandió, presurizando las botellas en cilindros robustos y uniformes que aportaron a la embarcación el 68% de su flotabilidad.

El único material no reciclado que se ha utilizado es un plástico que recubre las 12.500 botellas dispuestas en el interior de los dos cascos. Este plástico, que luego se podrá reciclar, garantizará la seguridad de la travesía. A parte de eso, la mayoría de los materiales usados han sido reutilizados, incluido el mástil de aluminio, que procedía de una tubería de riego.

Es un catamarán de 20 metros de eslora construido con 12.500 botellas PET (las de los refrescos), el barco está repleto de lo último en tecnología verde. El proyecto está inspirado en el Kon-Tiki, el barco hecho con madera, cañas y bambú con el que el afamado explorador Thor Heyerdahl cruzó el Pacífico en los 1940.

El Plastiki solo puede navegar en dirección del viento y avanza aproximadamente a cinco nudos de velocidad. Turbinas de viento, paneles solares dirigibles y fijos, y dos bicicletas generan la electricidad que permite operar los sistemas básicos de navegación y comunicación. Hewlett Packard ha abastecido al Plastiki con sistemas GPS, dispositivos de comunicación satelital, cuadros electrónicos de navegación, computadoras y teléfonos inteligentes que le permiten a la tripulación subir imágenes y videos y comunicarse por medio de su blog, por Twitter y Facebook.

El equipo cuenta con 4 litros diarios de agua por persona y se alimenta de productos envasados o deshidratados y de la pesca. Del mástil también cuelga un jardín hidropónico donde se cultivan hojas como espinaca y col. Un domo geodésico removible para uso en tierra firme sirve como cabina, y a su vez, incorpora un mecanismo de captura y almacenaje de lluvia.

Hasta ahora las cruces blancas que como buenos marineros De Rothschild y Royle se pintaron en las zuelas de sus zapatos para ahuyentar a los tiburones parecen haber funcionado han logrado desembarcar con éxito en los puertos contemplados en su ruta de navegación. Como embarcación la huella ecológica del Plastiki –es decir, su impacto ambiental– ha sido prácticamente inexistente. Como inspiración y motor de cambio, sin embargo, la huella que ha estampado en las aguas del Pacífico es ya indeleble. Son muchos los ecologistas y aficionados que han desarrollado sus propios modelos de embarcaciones PET y también han realizado travesías enviando su mensaje, incluso mucho antes que el Plastiki.

Además de lo verde del barco, otro componente estrella del proyecto es el uso que hacen de la tecnología -particularmente de las redes sociales- para convertir la práctica del reciclaje en algo muy atractivo. Todos los miembros de la tripulación comparten sus experiencias en Twitter. También hay varias webcams instaladas en cubierta para registrar la actividad a bordo y subir los videos al sitio del proyecto en Facebook.

David de Rothchild, el más joven de la dinastía de banqueros, millonario y aventurero británico de 31 años, ha liderado la expedición con un equipo de otras cinco personas que fue escoltada a su llegada a puerto por una enorme flotilla de pequeñas embarcaciones.

“Nos han dicho que el plástico es barato, que no tiene valor, que no es tóxico, que es fácil de usar, que lo podemos tirar porque podemos hacer más. Pero la realidad es que no es barato, es tóxico, tiene valor y utiliza muchos recursos”, dijo.

Rothchild propuso cambiar el tipo de plástico que se produce, para crear objetos con una única substancia en lugar de mezclarlas, de forma que su reciclaje sea más fácil.

El Programa de las Naciones Unidas por el Medio Ambiente estima que en medio del Océano Pacífico hay un área llamada “El parche de Basura del Gran Pacífico” que contiene unos 100 millones de toneladas de plástico.

El día de hoy en la página web de Plastiki, han anunciado, que están preparando un libro donde recojen todas las experiencias del viaje, un registro de las mejores historias, imágenes, mapas, entradas del diario, los planes de diseño y dibujos.  Tambien incluyen datos sobre los océanos y de qué manera son afectados por los plásticos,  notas sobre formas simples en que el público puede ayudar a salvar los océanos.

Te invitamos a conocer su Página web:  www.theplastiki.com

Califica este artículo

1 comentario en “Cómo transmitir un mensaje con 12.500 Botellas PET”

  1. El plastiki es uno de los sueños de los pescadores de los rios, que sin lugar a dudas sirbe para una embarcación pero aun más para el reciclado de los plasticos que miles se encuentran por los rios y a partir de este momento pienso dedicar mi tiempo libre para reciclar y poder acer una embarcacion pequeña con tal de demostrar a los demás que se puede reutilizar los tantos plasticos que existen.
    Felicitaciones a los expertos del PLASTIKI que sigan adelante que desde aqui donde me encuentro voy a colaborar en concienciar a mis compueblanos. GRACIAS.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Dragón de Luz